sábado, 4 de mayo de 2013

" ¿Entraras al mundo del espejo conmigo? ¿Te atreverías a perderte en el limbo de mi país? ¿Morderás el fruto del árbol? "




Soñaba, si, se encontraba durmiendo seguramente. Sarah lo sabia, estaba dormida. Había musas de alas azules que salían con sátiros grandes y fuertes. Había espejos que llevaban a otras tierras. Había hadas por aquí y por allá, haciendo crecer las fuentes de sus poderes, naturales o artificiales, ahí estaban, hermosas y feas. Brujas que conjuraban hechizos de amor, y brujas que creaban los mas temibles maleficios. Brujas hermosas que convertían la carne en piedra, y la honestidad en oro. Había mercado donde gigantes vendían hermosas casas echas a mano, y los duendes vendían artesanías con propiedades mágicas.

Si, debía estar soñando, Sarah sabia que en su mundo eso no existía. Los niños jugaban con pelotas de aire, y la magia unía a las ciudades. Había telas de piedras preciosas, finos hilos de oro y plata para las doncellas. Existían los cuchillos y espadas que curaban, y había maravillosas frutas que provocaban los mas apacibles cantos. Los arboles cantaban los himnos de sus regiones, y protegían de la oscuridad a sus habitantes. La noche se vestía de negro y plata, pero algunas veces concedía una vista rojiza a aquellos enamorados. El día brillaba con el sol, pero las nubes de lluvia le hacían compañía, siempre en armonía, creando arco iris con tesoros al final, que los leprechauns gustosos se disponían a buscar.

Sarah nunca había visto montañas como las de aquel lugar. Eran grandes llenas de goblins negados a la luz del sol, y en las puntas había dragones que custodiaban sus tesoros. Pero no eran tesoros como los de las demás criaturas, no eran de oro ni de piedras preciosas. Eran agua y tierra, eran bolas de fuego fatuo, y semillas de amor, arboles de inocencia, y frutos rojos con sabor a paz. Había dragones azules y rojos, negros, verdes, grandes y pequeños, malos y buenos, por supuesto.

¿Como llegaste aquí Sarah? Se preguntaba la niña mientras observaba los caramelos que crecían en los jardines donde los niños se reunían. También observaba a las doncellas bellamente decoradas con sonrisas de tranquilidad. Aunque si se fijaba un poco mas podía ver lagrimas de cristal en los ojos de algunas de ellas, pues la tristeza también caminaba por las calles llenando de equilibrio el ambiente.

Miraba a todos lados y solo veía el pasto lleno de vida, animales que hablaban y caracoles capaces de devorar enanos. Veía todo, sin saber como había llegado ahí, ni como volver a su tierra. ¡¡¡ Pero que tontería!!! Era un sueño, solo un sueño ... ¿o no?



2 comentarios:

  1. y esta bestia humana que no puede olvidar esa pequeña hada

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  2. Hola. Me encantó tu post. Y las imágenes son geniales. Continúa escribiendo :)

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